¡NOS ROBARON! … LA CAPACIDAD DE ASOMBRO

Por: Dr. Ricardo Vázquez Contreras
Son tantos los problemas que aquejan a la sociedad mexicana, que ya nada asombra ni conmueve a los mexicanos. México es un país con todas las características de un Estado fallido, donde la pobreza, la marginación y la Política Criminalizadora neoliberal están en auge, en la que no importa nada más.
Los trabajadores deben sobrevivir con míseros salarios y hacen un gran esfuerzo para poder ponerle agüita a los frijoles (antes era buscar la chuleta), en una nación en la que el Neo Corporativismo sentó sus bases y donde la explotación del hombre por el hombre se reeditó a su máxima potencia.
Los desempleados; que suman millones, hacen malabares para sobrevivir y muchos jóvenes son reclutados por el crimen organizado que, como poder fáctico predominante, se volvió factor real de poder.

Jugoso negocio del poder público
En ese Estado fallido, ya no es noticia el apropiamiento o uso ilegal de recursos públicos por parte de los políticos que se vuelven millonarios a costa del pueblo. Eso es un tema “cultural” dicen algunos con cinismo.
Los políticos agrupados en la partidocracia tienen “tanta suerte”; que en su declaración patrimonial resulta constante observar, que la mayoría de ellos “reciben donaciones” de inmuebles y muebles a raudales, aunque es visto que sus fortunas sólo crecen al amparo del poder público.
Un Estado, donde nadie le hace “ni cosquillas” a los políticos corruptos, aunque los cachen plagiando o en propiedad de inmuebles que no podrían adquirir legalmente o viajando a todo lujo a “costillas” del erario, u ocupando puestos públicos sin tener las cualidades mínimas necesarias o mintiendo…

Entramado legal siniestro
Así, sin contrapesos del poder, México se volvió en pocas décadas un país explotado en sus recursos naturales renovables y no renovables; en un productor de mano de obra barata (no calificada); de maquileros explotados, sin dignidad ni orgullo ni valor…
México se tornó en una nación oprimida, ninguneada, sin soberanía, desesperada y en la miseria; atestada de leyes injustas y caprichosas; sin noción de la justicia; un país racista y clasista, con plebeyos y mirreyes a granel. Una tierra donde campea la corrupción más voraz y la impunidad más cínica.
Nuestra patria se llenó de políticos traidores del interés nacional, delincuentes, genocidas, violentadores de derechos humanos, opresores de derechos fundamentales y sustantivos; con gravísimos casos de desaparición forzada y de tortura.
Está documentado que no existe la seguridad pública, prueba de ello son los innumerables casos de desapariciones forzadas y homicidios de periodistas, ciudadanos y protectores de derechos humanos, cuyas autoridades han tolerado que en el extranjero traten a todos los mexicanos como parias, corruptos, violadores o delincuentes.
En esa lógica de desorden social, político y de caos legal, la Constitución Política ha sido modificada hasta el cansancio; ninguna norma suprema en ningún momento de la historia de ningún país ha sido tan vapuleada como la mexicana, pues lleva 699 reformas en 99 años de existencia.
Las 295 leyes federales y generales vigentes, con 127 reglamentos de las leyes reglamentarias, 962 normas oficiales mexicanas, más de 1000 normas mexicanas, 635 tratados internacionales multilaterales, 766 tratados internacionales bilaterales, 1683 tesis jurisprudenciales, 183 mil 331 tesis aisladas; más todas las leyes de los Estados y de la Ciudad de México, forman un entramado legal siniestro que les permite a los políticos corruptos asegurarse que ninguna ley o fiscal anticorrupción los alcance.

La nación… un barco a la deriva
Con reformas estructurales fallidas, que sólo benefician a la clase política y Neo Corporativista nacional y extranjera, con entidades federativas y municipios endeudados al grado de la quiebra técnica, con una Federación endeudada al extremo y con un peso sin poder adquisitivo; es la muestra más cruel de que la nación es un simple barco a la deriva, sin timón ni rumbo, donde los políticos en lugar de corregir sus errores se aprovechan del desastre, convirtiéndose en el lastre que estanca el progreso de la sociedad.
México es un país con un nivel de escolaridad per cápita de quinto de primaria, donde es más fácil para nuestros jóvenes volverse delincuentes con la falsa ilusión del dinero fácil, que tener oportunidades de trabajo digno, de crecimiento académico, personal y profesional.
Un país donde el influyentismo, la opacidad, el nepotismo y la corrupción sentaron sus reales en la procuración e impartición de justicia y donde la ley de la selva prevalece sobre los valores y la convivencia armónica.

Extremo servilismo
En un extremo de servilismo, sólo en México su gobierno es capaz de recibir con honores a políticos extranjeros racistas y clasistas; que agreden, amenazan y ofenden a nuestro pueblo. Esto pudiera haber resultado inconcebible, pero la clase política es capaz de todo, hasta de acreditarnos que son los depredadores de la sociedad mexicana.
Una nación donde la verdad es manipulada, al más puro estilo del ministro de propaganda Nazi quien se inspiró sin duda en Fouché, y con base en la manipulación aludida, describen un México próspero; realidad, que sólo viven ellos, rodeados de guardaespaldas, lujos y con el dinero de las arcas nacionales a su disposición.
Alguna vez José López Portillo dijo que lo peor que le podría pasar a México es que se convirtiera en un país de cínicos. Se quedó corto. En México los políticos se olvidaron de servir al pueblo, pero se sirven de él, de manera cada vez más atrevida e impune. Y en sus excesos ¡nos robaron!… hasta la capacidad de asombro.

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